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SITUACIÓN ACTUAL DE LA FECUNDIDAD EN ESPAÑA: ANÁLISIS DESCRIPTIVO Y PROPUESTAS DE MEJORA

sociología

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SITUACIÓN ACTUAL  DE LA FECUNDIDAD EN ESPAÑA: ANÁLISIS DESCRIPTIVO Y PROPUESTAS DE MEJORA



 

Abstract: The fertility in Spain is such one of the most important problems for the Spanish economy. The fertility rate has failed until levels witch doesn’t guarantee the generational replacement, although, in the last years it seems that have been corrected but it isn’t enough. This reality  is according with the data on fertility that launch our European neighbours, as Poland, Czech Republic and Ireland, those who beside our country, show falls in their fertility rates under the average of the European Union. In some cases it’s argued the incorporation of the women to the labour market like the main course of this social reality, however, the true is that the low of the fertility has occurred such in working women as in those who doesn’t work out of home.

  Key words: Fertility, public policies, working women, children, births.

I. Introducción

En este trabajo se pretenden vislumbrar las causas reales por las que las mujeres han dejado de tener hijos ya que el número total de hijos que tienen es significativamente menor que en décadas pasadas y, sobre todo, el por qué las mujeres tienen un número de hijos significativamente inferior de lo que exponen como número ideal de descendientes.

Frente a esta realidad, los poderes públicos no pueden ser neutrales y debe tener en consideración que si las mujeres, según revela la Encuesta de Fecundidad realizada en EspaÑa en 1999, tienen menos hijos de lo que les gustaría, y en, alrededor del 50% de las razones, apuntan de forma directa o indirecta, motivos económicos, desde las instancias públicas deberían adoptarse soluciones eficaces que atajaran parte del problema.

Es indudable que la decisión de tener o no hijos entra en la esfera personal de los cónyuges pero de lo que no cabe duda es que la evolución de la natalidad tiene consecuencias importantes para la sociedad, por lo que los poderes públicos, respetando la libertad de los progenitores, deben arbitrar medidas públicas para que aquellos que quieran tener más hijos de lo que el entorno social y económico les permite, eliminen esas trabas y accedan a la maternidad de forma libre. Las Administraciones públicas deberían evaluar los costes de oportunidad de tener un hijo para compensar a aquellos que lo soliciten esta pérdida de utilidad, no siempre traducida en términos económicos, a través de diferentes medidas que posteriormente se verán.

A lo largo de la historia han existido múltiples razonamientos que pretendían justificar la realidad de la fecundidad en los distintos países. Así las teorías explicativas de la evolución de la fecundidad tratan de dar argumentos tanto desde un punto de vista sociológico como desde una perspectiva económica. Esta última tendencia distingue cuatro momentos en los que se pueden identificar realidades características de la fecundidad.

Muchas de teorías sociológicas arraigadas con gran fuerza en algunos sectores de la sociedad han hecho un flaco favor al desarrollo de la fecundidad al presentar este fenómeno como un obstáculo al desarrollo personal o profesional de la madre o como un impedimento a la “autorrealización”. Con el paso del tiempo se ha visto que el desarrollo profesional de una mujer no es incompatible con la maternidad pero las consecuencias del convencimiento de la veracidad de las mismas ha contribuido de manera sobresaliente a una drástica reducción de las tasas de fecundidad. Por lo que no pueden darse explicaciones tan simplistas a la caída de la fecundidad argumentando que la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral es la causa de la caída de la natalidad. Es más cercano a la realidad el considerar que un cambio en los hábitos de vida es lo que ha motivado esta circunstancia. Una sociedad en la que han cambiado las prioridades, para la que la maternidad no es un valor básico y en la que la familia adopta roles de inestabilidad, quizás sean causas más reales que justifican el descenso de la natalidad.

A lo largo de las páginas siguientes se describen las realidades espaÑola y europea en lo que a fertilidad se refiere. En el cuarto capítulo se presentan las principales conclusiones a las que se ha llegado tras un pequeÑo estudio de campo en el que se ha querido conocer las causas que argumentan las espaÑolas para justificar la caída en las tasas de fecundidad. Además se plantean algunas propuestas que podrían adoptarse para mejorar esta situación. Finalmente en el apartado de anexos se recogen los principales resultados cuantitativos del estudio de campo y se propone una encuesta más concisa que, si se lleva a cabo, podría arrojar alguna luz sobre los motivos por los que las espaÑolas tienen muchos menos hijos que aÑos atrás.

II.      Análisis de las tasas de fecundidad en EspaÑa

A juicio de Preston las razones por las que las jóvenes actuales no desean tener hijos, pueden responder a tres tipos de causas:

Motivos económicos: Tanto los costes monetarios comos los costes de oportunidad de tener un hijo. Los costes monetarios son evidentes; educación, alimentación, vestido, , mientras que los costes de oportunidad, mucho más subjetivos, vienen reflejados por todo lo que la mujer tiene que dejar de hacer a cambio de la maternidad, y sobre todo, la valoración que la mujer da a lo que abandona por tener un hijo y si se ve o no compensado con la satisfacción que le reporta tener un hijo más.

La generalización en la utilización de técnicas artificiales de anticoncepción en los países europeos desarrollados.

Modificación en el sistema de valores de la sociedad, pues ha sufrido un cambio sustancial. Entre estos, hay que seÑalar un fuerte individualismo que impregna toda la sociedad.

En la actualidad se hace gran énfasis en las dos primeras causas, olvidando el tercer grupo de motivos por los que la natalidad ha descendido en los últimos aÑos. Es cierto que las causas económicas son argumentadas por un gran número de mujeres, al igual que revelan la generalización de la utilización de métodos anticonceptivos pero los análisis de fecundidad olvidan el tercer factor, de especial importancia y más difícil de solucionar ya que se debe a cambios en la mentalidad de los ciudadanos, difícilmente modificables en el corto plazo.

A. Situación estadística de la fecundidad en EspaÑa

En este apartado se pasa revista por los principales datos directa o indirectamente relacionados con las tasas de natalidad en EspaÑa. Tratando de facilitar un horizonte temporal, se han tomado los datos publicados por Eurostat sobre cada una de las variables en 1975, 1980, 1990, 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004. Se han elegido estos aÑos para conocer tanto la evolución seguida en los treinta últimos aÑos del siglo XX, como para poder hacer alguna previsión de la posible tendencia que seguirá nuestro país en los próximos aÑos.

Al igual que nuestros vecinos europeos, en EspaÑa la natalidad se desplomó y entre 1978 y 1994,  los nacimientos experimentaron un descenso del 42%. Esta caída tocó fondo en los primeros aÑos noventa y parece que a lo largo de los primeros aÑos de la nueva centuria ha experimentado un repunte tan leve, que no deja lugar para el optimismo. Esta situación es plenamente compatible con un aumento de la población que revela el padrón a lo largo de distintos aÑos.

Tasa bruta de natalidad. Tabla 1

(NiÑos nacidos por cada 1.000 habitantes)

1975

1980

1990

2000

2001

2002

2003

2004

Total Nacional

18,76

5,22

10,33

9,88

9,98

10,14

10,52

10,65

Fuente: Instituto Nacional de Estadística.

En EspaÑa en 1975 el número de nacimientos por cada mil habitantes era de casi 20 (18,76), situándose en la actualidad en 10,65. Es decir, en treinta aÑos la tasa de natalidad ha caído casi un 50%. Como se dijo en el apartado correspondiente el caso de EspaÑa, merece mención especial ya que en el momento actual se sitúa en la media europea ligeramente por encima o por debajo según se tomen cifras de la Europa de los 15 (10,7) o de la Europa de los 25 (10,5), pero en 1975 EspaÑa se situaba muy por encima de la media comunitaria (13,6 Europa 15 o 14,4 Europa 25). Este importante descenso de la natalidad se puede deber a factores muy diversos que a lo largo de las páginas siguientes trataremos de descubrir.

Si se conjugan los datos de natalidad con el ratio número de hijos por mujer, se puede comprobar cómo este último ha experimentado una caída aún mayor. Esto responde a una circunstancia concreta y es que en EspaÑa el baby-boom se produjo con un retraso de diez aÑos respecto a lo acontecido en los países europeos, por esto se conjuga un aumento en las tasas de natalidad con un descenso en el índice de fertilidad, pues son más las mujeres que están en edad fértil y acceden a la maternidad, aunque tienen un menor número de hijos por mujer.

Así, en 1975 EspaÑa se encontraba por encima de la media Europea (2,02 Europa 25 y 1,96 Europa 15) con 2,803 niÑos por mujer en edad fértil. Este indicador comenzó una tendencia descendente a partir de 1976 y a lo largo de los aÑos noventa experimentó la caída más importante, situándose en 1996 el índice sintético de fecundidad en 1,16. Se mantuvo esta tendencia hasta 1998, fecha en la que experimentó un punto de inflexión, consiguiendo así que a lo largo de los primeros aÑos del siglo XXI la tendencia fuera creciente. Sin embargo, este repunte no ha sido suficiente como para alcanzar la media comunitaria (1,50 o 1,52 en la Europa de los quince), lo que hace suponer que nuestro país sigue la misma pauta de comportamiento que el resto de Europa aunque con una mayor intensidad.

Indicador de fecundidad. Tabla 2

1975

1980

1990

2000

2001

2002

2003

2004

Total nacional

2,803

2,215

1,362

1,234

1,244

1,263

1,310

1,329

*) A partir del aÑo 2002 los cálculos se han realizado con cifras de población proyectadas y, por tanto, susceptibles de ser revisadas. Los nacimientos provisionales están clasificados por lugar de inscripción.

Fuente: I.N.E.

Junto con la caída de las tasas de fecundidad debe resaltarse el fenómeno del retraso en la edad de las madres en el momento de tener su primer hijo. Si se observa el siguiente cuadro puede verse cómo el intervalo de 25 a 29 aÑos era la edad en la que mayoritariamente las mujeres tenían hijos en los aÑos 1975, 1980 y 1990. Este intervalo se ha visto desplazado cinco aÑos más a partir del aÑo 2000, fecha a partir de la cual las mujeres tienen sus hijos mayoritariamente entre los 30 y 34 aÑos. La edad media de la maternidad en 1975 era de 28,8 aÑos, edad que fue descendiendo a 28,2 en 1980. Se produjo un retraso en la edad media de maternidad a lo largo de la década de los ochenta hasta alcanzar 28,6 en 1988. Este proceso se aceleró en 1999 hasta 30,7 aÑos.

Por otra parte, cabe destacar que en los dos últimos aÑos de los que disponemos de datos; 2003 y 2004 han experimentado un crecimiento importante el número de hijos nacidos de madres cuya edad se sitúa entre los 35 y los 39 aÑos, de cada 1.000 mujeres, 50,10 tienen un hijo con esta edad. Esto todavía es más alarmante ya que de confirmarse esta tendencia en los próximos aÑos asistiremos a un desplazamiento de la edad de la primera maternidad cinco aÑos más tarde.

Tasas de fecundidad por grupos de edad Tabla 3

(por 1.000 mujeres)

15-19 aÑos

20-24 aÑos

25-29 aÑos

30-34 aÑos

35-39 aÑos

40-44 aÑos

45-49 aÑos

1975

21,94

135,67

189,16

123,33

64,16

23,03

2,21

1980

25,75

116,28

146,30

91,61

46,10

14,46

1,42

1990

11,90

50,28

101,52

75,47

27,55

5,86

0,45

2000

8,93

25,65

67,77



95,28

43,02

6,74

0,34

2001

9,75

26,82

65,46

95,13

45,09

7,26

0,38

2002

9,96

28,15

64,59

96,00

46,89

7,62

0,42

2003

10,75

29,26

65,59

98,88

50,10

8,27

0,45

2004

10,96

30,69

64,95

99,66

51,63

8,79

0,46

A partir del aÑo 2002 los cálculos se han realizado con cifras de población proyectadas. Fuente: I.N.E.

Con la intención de tener una pequeÑa estimación de la evolución de la fecundidad en los próximos aÑos, puede predecirse que, al igual que en la actualidad, continuará la tasa de fecundidad descendiendo para edades inferiores a treinta aÑos, y se mantendrá e incluso aumentarán los índices de fecundidad de las mujeres cuyas edades están entre 31 y 40 aÑos.

Estos datos están en consonancia con la realidad europea, donde se reconoce que las mujeres posponen de manera importante su maternidad, y aún más, la edad de la primer maternidad se posterga hasta más allá de los treinta aÑos. Es lo que ocurre en EspaÑa en 2004, ya que se sitúa casi en 31 aÑos la edad media de la madre que tiene su primer hijo, cuando en 1975 esta media se situaba en 28,80.

Edad media de la primera maternidad

Tabla 4

1975

1980

1990

2000

2001

2002

2003

2004

Total nacional

28,80

28,80

28,86

30,72

30,75

30,79

30,84

30,86

A partir del aÑo 2002 los cálculos se han realizado con cifras de población proyectadas y, por tanto, susceptible de ser revisadas.  Fuente: I.N.E.

En EspaÑa el fenómeno migratorio ha influido de forma considerable en la situación de la fecundidad y, aunque, como algunos proponen, no puede ser la solución a los problemas de natalidad que nuestro país presenta, merece especial reflexión la procedencia geográfica de las madres, pues indudablemente aunque el fenómeno migratorio no puede solucionar en exclusiva los problemas económicos derivados de las bajas tasas de natalidad, lo cierto es que los nacimientos de madres extranjeras, por seguir una tendencia contraria a la espaÑola puede modificar el rumbo de las tasas de fecundidad.

Según la Encuesta de Fecundidad realizada por el I.N.E. en 1999 de un total de 10.165.237 mujeres, el mayor número de nacimientos de madre extranjera proceden de mujeres africanas, ya que de un total de 1.172.110 mujeres que tienen tres o más hijos, 5.496 son de aquel continente, seguidas muy de cerca de las latinoamericanas. Y no es que el número de mujeres que viven en EspaÑa de estas nacionalidades sea significativamente mayor a otras sino que esta circunstancia se da porque la tasa de fecundidad de africanas y latinas es mucho mayor que para otras nacionalidades.

Estos datos probablemente en la actualidad hayan aumentado de manera considerable ya que, al igual que en el resto de Europa, las últimas leyes de regularización de inmigrantes han hecho que afloren datos de extranjeros que ya vivían en EspaÑa pero que eran opacos a las cifras oficiales. A la espera de los datos de la Encuesta de Fecundidad de 2003 estas son las únicas cifras con las que podemos trabajar El calendario de fecundidad de las mujeres extranjeras difiere notablemente del de la población general. Sus edades de maternidad son más tempranas y para algunas nacionalidades las tasas de fecundidad son superiores a las nacionales.

Nacimientos de madre extranjera Tabla 5

(Mujeres 15-49 aÑos por país nacionalidad, número de hijos nacidos vivos)

Total

Ninguno

Uno

Dos

Tres y más

Media

Total

10.165.237

4.738.369

1.580.253

2.674.505

1.172.110

1,07

EspaÑa

10.047.563

4.694.538

1.550.023

2.641.754

1.161.248

1,07

Unión Europea

35.201

13.926

10.300

10.051

925

0,97

Africa

18.010

6.703

3.023

2.787

5.496

1,60

America Central y del Sur

43.879

10.975

9.833

18.630

4.441

1,39

Otros países

20.585

12.227

7.075

1.283

..

0,47




Fuente: Encuesta de Fecundidad 1999.

Otro factor que incide de manera importante en el ratio número de hijos por mujer es el índice de nupcialidad, ya que, aunque la tendencia es que el número de matrimonios disminuya, aún la tendencia de las mujeres de forma mayoritaria, es tener los hijos dentro del matrimonio.

Entre 1978 y 1982 el Índice Sintético de Primera Nupcialidad[1] se redujo en más de 30 puntos, experimentando un leve repunte a partir de 1985. El abandono del matrimonio va ligado a la proliferación de las uniones consensuadas, sin que éstas hayan sustituido al matrimonio a pesar de haber experimentado un crecimiento importante en los últimos aÑos. Por lo que el número de nacimientos fuera del matrimonio, es decir de madre no casada han experimentado un importante crecimiento.

Nacidos de madre no casada Tabla 6

(por cada 100 nacidos)

1975

1980

1990

2000

2001

2002

2003

2004

Total nacional

2,03

3,93

9.61

17,74

19,73

21,78

23,41

25,08

Fuente: INE

Como se ve en 1975 de cada 100 nacidos sólo 2,03 eran de madre no casada, manteniéndose en niveles ligeramente superiores durante la década de los ochenta y noventa. Sin embargo, el número de nacidos de madre no casada desde comienzos del siglo XX han aumentado de manera importante, situándose en 2004 esta cifra en 25,08 el número de hijos nacidos de madre no casada por cada 100 nacidos.

Como se ve, todo apunta a que las tasas de fecundidad no se recuperarán en breve, ya que nada indica que la tendencia seguida por las europeas vaya a modificarse de manera drástica. Además, el aumento del número de divorcios, la reducción del índice de nupcialidad, el aumento del número de uniones consensuadas y la proliferación de nacimientos fuera del matrimonio, son síntomas de que la protección efectiva de familia no constituye el centro de la sociedad y por lo tanto, cada vez se fragmentarán un mayor número de familias por lo que el número de nacimientos no tiene por qué aumentar.

No obstante, no es suficiente una mera descripción de los hechos, se hace necesario conocer las causas aducidas por las mujeres como razón para no tener hijos o para alumbrar menos niÑos de lo que les hubiera gustado. Para ello, en las siguientes páginas se hace referencia al análisis realizado por el Instituto Nacional de Estadística en el que se trata de conocer las razones que llevan a las mujeres a reducir y posponer su maternidad.

B. POLÍTICAS PÚBLICAS DE FAMILIA EN ESPAÑA: ALGUNAS PROPUESTAS.

Por todo esto los poderes públicos no pueden ser neutrales frente a las políticas de familia. Las Administraciones públicas, en todos los ámbitos territoriales, debe implicarse en una auténtica política familiar, y no sólo establecer medidas que fomenten la inserción laboral de la mujeres, que faciliten la conciliación entre vida personal y profesional o que promocionen la igualdad de trato e impidan la no discriminación.

Las auténticas políticas públicas familiares deben proteger y fomentar la estabilidad social, económica y emocional de la familia y deben ir dirigidas a facilitar la maternidad de aquellas mujeres que deseen aumentar el número de hijos sin que esta opción sea un impedimento para su promoción laboral. Sin injerencias en la vida personal los poderes públicos deben abarcar una dimensión más amplia en materia de familia que simplemente favorecer las circunstancias que han venido llevándose a cabo.

Indudablemente la decisión de tener o no hijos es algo que pertenece a la esfera de la vida íntima de la pareja, sin que deba haber injerencias de cualquier índole. Ahora bien, esto no quiere decir que si, la decisión de tener hijos o de tener un hijo más, repercute, como lo hace, positivamente en el bienestar de la sociedad actual y de las generaciones futuras, los poderes públicos se mantengan al margen si tratar de paliar los obstáculos con los que los progenitores se encuentren en el momento en el que tienen un hijo.

En ocasiones las políticas de protección de la familia tendrán un marcado carácter económico, en otros casos serán necesarias medidas de protección social pero una asignatura pendiente es la educación y en casi todos los casos este parámetro se olvida.

Si el entorno en el que crece y se desarrolla un niÑo es mediocre, hedonista y en el que se huye de todo lo que supone esfuerzo difícilmente esa persona en el momento en el que le toque constituir una familia estará dispuesto a soportar los sacrificios que una familia numerosa implica, y aún más, si el entorno en el que ha crecido es “patológicamente” hedonista, es muy probable que no esté dispuesto a realizar alguna de las concesiones imprescindibles para poder acceder a la maternidad/paternidad. Por lo tanto, fomentar una cultura de esfuerzo, de sacrificio, en la que para conseguir algo es imprescindible renunciar a algo y un entorno en lo que no sólo importa lo material, son premisas imprescindibles para que la maternidad y paternidad adquieran las dimensiones sociales que le corresponden.

Otro aspecto importante es el fomento de la madurez tanto desde la familia como desde las instituciones educativas. Hay situaciones llamativas en las que hombres y mujeres con una supuesta madurez, por la edad que han alcanzado, se comportan como adolescentes que no comprenden que es necesario renunciar a algo para conseguir otra cosa. Si esto no se tiene arraigado la paternidad supondrá un conflicto difícil de superar. Si a los hijos o a los alumnos se les facilita todo hasta el extremo de que no tengan que renunciar a nada para conseguir el objetivo que se plantean, en el momento en el que se convierten en padres, cuando la realidad implica necesariamente renuncias, no sólo no están dispuestos a ellas sino que la experiencia por la que han pasado es subjetivamente tan dramática, que no están dispuestos a repetirla.

Por todo esto, los poderes públicos no deben olvidar la educación integral como elemento base para llegar a solucionar los problemas de la fecundidad europea. Las políticas de familia deben ser medidas integrales que comprendan todas las dimensiones del ser humano, y por tanto no debe descuidarse ningún aspecto que en el medio o largo plazo pueda contribuir a la mejora de la natalidad.

Como se decía en la introducción de este trabajo algunas teorías explicativas de la evolución de la fecundidad han hecho un flaco favor a la natalidad, ya que han planteado como antagónicas la posibilidad de alcanzar crecimiento y desarrollo económico con la maternidad. Estas teorías han calado principalmente en algunos sectores de la sociedad que se han encargado de fomentar los controles de natalidad de manera indiscriminada y, aunque no se pueda responsabilizar de manera exclusiva a estas teorías de la situación que hoy vivimos, la realidad apunta que en su momento, comienzos de los setenta, ejercieron una influencia muy notable en muchas de las mujeres que en aquel momento estaban en edad fértil. A la vuelta de treinta aÑos, cuando estas políticas han quedado trasnochadas, es impensable hablar de crecimiento económico sin que nazcan niÑos y sin embargo, dé la sensación de que los poderes públicos, aún compartiendo este argumento no se emplean a fondo en la mejora de las condiciones de vida de manera que la natalidad aumente.

Como se decían antes, la familia tiene un papel insustituible en la tarea de formación y en ella se generan economías externas de las que la sociedad se beneficia, ya que se lleva a cabo una labor de formación sin que medie compensación económica a cambio y de la que en un futuro más o menos inmediato la sociedad se beneficiará. Pero además, la familia aporta valor aÑadido al individuo en la medida en que le permite crecer y desarrollarse en un entorno estable en el que se aprenden valores de tolerancia, respeto, protección del débil, generosidad, , principios de los que la sociedad se puede ver beneficiada sin que a la familia se le compense por ello.

Éste es un primer argumento por el que los poderes públicos debe velar por proteger económica y socialmente a la familia, no sólo arbitrando medidas que faciliten la conciliación entre vida laboral y familiar sino que contribuyan a dar la estabilidad y armonía necesarios en la vida de las personas como para que estos valores se sigan infundiendo en el seno familiar.

Un problema aÑadido en el caso espaÑol es que las políticas familiares son competencia de las Comunidades Autónomas, limitándose el Estado central a mantener un mínimo absolutamente insuficiente, con las desigualdades que esta incorrecta cesión supone.

Si desde la Administración central no se arbitra una política familiar de mínimos, homogénea en todo el territorio espaÑol, difícilmente podremos hablar de una auténtica política de familia. Las desigualdades territoriales que hoy en día se dan en EspaÑa se debe a que desde el Estado central no se diseÑa una verdadera política de familia y se deja al libre albedrío de las Comunidades Autónomas, a su propia responsabilidad, generosidad y prioridades de políticas públicas.

III.   ESTUDIO DE CAMPO SOBRE LAS RAZONES DE LA FERTILIDAD ESPAÑOLA

Se ha querido tomar el pulso de la sociedad espaÑola de comienzos del siglo XXI para averiguar las causas apuntadas por las jóvenes espaÑolas en el momento de decidir si quieren o no tener hijos, y determinar el número de hijos que componen su familia.

Para ello se han pasado 365 encuestas a mujeres espaÑolas, residentes en la zona centro de EspaÑa en edad fértil.

A. PRINCIPALES RESULTADOS.

-  Influencia de la situación económica sobre la actitud frente a la maternidad

Uno de los temas subjetivos y difícilmente objetivizables es el argumento de la insuficiencia de recursos económicos como causa para tener menos hijos de los deseados o incluso para no tener hijos.

Las mujeres que se sitúan en un intervalo familiar de renta entre menos de 12.000 euros y 36.000 consideran, con una práctica unanimidad que la falta de recursos económicos ha supuesto un impedimento a la hora de tener hijos o ampliar la familia. Simultáneamente, afirman la mayoría de ellas que existe una carencia importante de ayudas públicas, aunque esto no es exclusivo de las personas que se encuentran en este escalón de renta, precisamente los poderes públicos deberían ser conscientes de las demandas solicitadas por este grupo de personas.

Por otra parte, algunas de las mujeres entrevistadas aducen ésta como causa para tener menos hijos de los deseados cuando sus ingresos superan los 48.000 euros e incluso los 60.000 euros. Por esto es complicado marcar un margen de ingresos mínimos, ya que las circunstancias sociales y personales son tan diversas como realidades podemos encontrarnos.

Es digno de mención que los problemas económicos son la causa más argumentada por las mujeres más jóvenes, las que se encuentran en los intervalos de edad entre 25-30 y 31-35 para no tener hijos, con independencia de su nivel de ingresos. Es preocupante que algunas mujeres argumenten esta causa no sólo para no tener más hijos, sino para no tener ninguno. Un alto porcentaje de las mujeres en este intervalo de edad no han tenido todavía ningún hijo aduciendo que los problemas económicos se lo impiden. Esta circunstancia, unida al argumento que posteriormente veremos, de vivienda pequeÑa, son las razones apuntadas como mayoritarias para no tener hijos o para postergar la edad de la primera maternidad.

En consonancia con esto, el 57% de las mujeres preguntadas consideran que su buena situación económica no ha influido en su decisión de tener hijos, frente a un 29% que considera que si ha tenido hijos ha sido gracias a su holgura económica.

Ante esta situación caben dos reflexiones. Por una parte, la necesidad de que los poderes públicos se impliquen en la solución de  este problema, y que desde todas las Administraciones públicas responsables; supranacional, estatal, autonómica y local, deben hacer un esfuerzo real para que aquellos que se encuentran en situaciones económicas que les dificultan la maternidad, sean apoyados.

La segunda cuestión es más difícil de combatir, ya que la consideración de un nivel de renta “suficiente” para tener un hijo puede no ser objetivamente determinado. Es decir, la escala de valores de las personas tienen mucho que decir en este aspecto, pues en múltiples ocasiones se priorizan las cosas por encima de las personas. En ocasiones se ponen en el mismo plano un hijo y unas vacaciones, una casa más grande o el cambio de coche, cuando son realidades incomparables.

Se debería llevar a cabo un estudio de campo en el que a través de entrevistas personales y con mucha sutileza se llegue a conocer si se anteponen la adquisición de ciertos bienes; casa, coche, vacaciones, al momento de tener un hijo. Es decir, da la sensación, a la vista de los datos, que un nutrido grupo de mujeres priorizan su situación económica y profesional por encima de la maternidad y, conocer la escala de valores de las espaÑolas en edad fértil es algo imprescindible para saber la verdadera raíz de la caída de la fecundidad en los países occidentales. Sin embargo, es muy difícil conocer esto a través de una simple encuesta, será necesario completarlo con una serie de entrevistas personales que completen el estudio en las que las mujeres expongan honestamente las preferencias que anteponen a la maternidad.

En todas las encuestas oficiales se hace referencia a problemas de conciliación, utilización de métodos anticonceptivos, pero nunca se pregunta por la escala de valores que las mujeres tienen. En esta encuesta, como luego se verá, algunas mujeres argumentan como causa del descenso de las tasas de fecundidad, el haber postergado su maternidad porque no han encontrado el momento oportuno. Se sabe que las mujeres han empezado a emplear de manera generalizada métodos anticonceptivos no naturales, intentando dar éste como argumento simplista del descenso de la natalidad, pero es necesario conocer el por qué de la utilización generalizada de los mismos cuando en épocas pasadas se conocían y no se empleaban de manera masificada.

- Problemas que suscita la maternidad: Propios o ajenos

En los últimos tiempos la incorporación de la mujer al mercado laboral ha experimentado un crecimiento vertiginoso, no sólo en EspaÑa sino en todo el mundo occidental. No obstante, aunque cuantitativamente este fenómeno es mucho mayor en los últimos aÑos que en épocas pasadas, lo cierto es que desde la Revolución industrial la mujer ha tratado de conciliar su trabajo doméstico con las tareas desarrolladas fuera del hogar. En aquella época la dureza con la que se llevaban a cabo las tareas domésticas nada tienen que ver con la comodidad actual y sin embargo, hoy en día se plantean en muchos casos como irreconciliables el desarrollo profesional y las tareas domésticas y la maternidad.

Frente aquellas voces ancestrales, hay que decir que tanto el trabajo profesional fuera del hogar como las labores domésticas pueden servir al desarrollo personal y profesional de la mujer y, con independencia de las motivaciones; necesidades económicas, desarrollo profesional o simplemente una decisión propia, la sociedad; Administraciones públicas, empresas privadas, , deben tener presente que las políticas que contribuyan a favorecer la conciliación entre vida personal y profesional, es un beneficio que redundará en el bienestar de toda la sociedad. Las mujeres argumentan de forma mayoritaria, problemas de conciliación entre vida laboral y personal como la principal causa para o bien posponer la maternidad o incluso para no tener hijos.

Sin perjuicio de que la principal ayuda no la reciben del exterior, ya que responden que los asuntos domésticos los resuelve la mujer en el 31% de los casos, la pareja en el 35% de las veces y para un 21% de las mujeres preguntadas la ayuda la recibe fundamentalmente de su madre, no son dignos de mención los casos en los que la ayuda procede del padre de la mujer o de los suegros.

Esta situación plantea una cuestión adicional y es que si se pretenden solucionar los problemas de conciliación con la ayuda de los progenitores, en el momento en el que las mujeres, hoy jóvenes, alcancen la edad de tener nietos difícilmente podrán colaborar a solucionarles los problemas que en su momento les surjan a sus hijos, pues han sido incapaces de conciliar su propia vida familiar con su desarrollo profesional.

El 61% de las mujeres entrevistadas consideran que la maternidad es un obstáculo tanto para encontrar un trabajo como para mejorar o ascender en el que ya tienen. Además, el 53% de las mujeres afirman no haber tenido más hijos de los deseados o en el momento en el que hubieran querido porque su dedicación profesional se lo impedía, frente a un 47% de ellas que salvaron el obstáculo profesional para enfrentarse a la maternidad. Sería necesario analizar si esto es cierto o simplemente es una percepción subjetiva, ya que cuando se les pregunta a las mujeres que han tenido hijos, si se les han respetado sus derechos laborales en lo que a maternidad se refiere, la inmensa mayoría de ellas respondieron afirmativamente. En este punto los poderes públicos tienen mucho que hacer pues si la legislación salvaguarda los derechos tanto de la madre como del hijo, que tiene derecho a ser educado por sus padres, a disfrutar los primeros días de su vida de la protección de su madre, , está prácticamente garantizado que acaben generalizando la protección jurídica de las familias, ya que aunque en contadas ocasiones se violen algunos de los derechos reconocidos legalmente, siempre estará presente el peso de la ley para que se proteja jurídicamente a la familia.

Se les preguntó a las mujeres por las causas por las que  habían decidido no tener hijos. Para el 33% de las mujeres sus estudios se lo dificultaban, para un 20% de ellas, sus parejas no querían, mientras que los problemas de salud fueran argumentados por un 36% de las mujeres.

Las cuestiones económicas fueron mayoritariamente apuntadas como razones para no tener hijos. En concreto, frente a un 70% de las mujeres que consideraban que los problemas económicos no les impedía tener hijos, el 30% lo apuntaba como principal razón. El 32% de las mujeres consideraron que la insuficiencia de recursos económicos les impedía tener hijos, frente a un 68% de mujeres que consideraban que la insuficiencia de recursos económicos no les impedía tener hijos.

Por otra parte, se cuestionó si habían tenido el número de hijos que les hubiera gustado y el 52% de las mujeres contestaron que no, frente a un 41% que afirmó haber tenido el número de hijos deseados. Es revelador que más del 50% de las mujeres preguntadas hubieran tenido menos hijos de lo que les habría gustado. La decisión de tener o no hijos es lo suficientemente seria como para no verse presionada por condicionantes sociales, económicos, psicológicos, ya que es un camino sin marcha atrás. Es decir, es cierto que en el tiempo conviven el momento en el que las mujeres están en edad fértil con una serie de necesidades económicas que con el tiempo se superan y con el punto álgido de competitividad laboral, pero no menos cierto es que si se anteponen aspectos profesionales y económicos a la maternidad, se entra en un camino que no tiene marcha atrás sin solución. Por esto en este punto la sociedad tiene mucho que decir y el tratar de erradicar mentalidades materialistas es un obstáculo importante en el que pocos se atreven a incidir.

Entre las causas apuntadas para tener menos hijos de los deseados, obviando los problemas de salud que, de forma directa o indirecta fueron argumentados por 25 mujeres, la principal causa es de origen económico. Así 90 mujeres aducen problemas de conciliación entre vida laboral y familiar, 35 argumentaban tener una vivienda excesivamente pequeÑa, insuficiencia de recursos económicos era apuntado por 35 mujeres y 20 creían que sus superiores laborales se habrían opuesto.

Es digno de mención que después de los problemas de conciliación, la razón más aducida como causa para reducir el número de hijos deseados es no encontrar el momento oportuno. Setenta de las mujeres que respondieron a esta pregunta afirmaron no tener más hijos de los que les habría gustado por no haber encontrado el momento adecuado.

Es preciso aclarar que algunas mujeres apuntaban varias causas simultáneamente como razones que les habían impedido tener menos hijos de los deseados.

A aquellas que aseguraban ser madres de un número de hijos menor de los deseados, se les preguntó sobre su disposición a la adopción y/o someterse a algún método de reproducción asistida. Así, el 41% de las mujeres no estarían dispuestas a adoptar, 150 mujeres en términos absolutos, frente a un 23% quienes se presentaron proclives a la adopción. Las mujeres encuestadas son mucho menos reacias a someterse a métodos de reproducción asistida. El 46% de las féminas estarían dispuestas a ello, frente a un 18% que no se sometería a métodos de reproducción asistida para tener los hijos que biológicamente no hubieran podido tener.

- Problemas de conciliación entre vida laboral y personal.

A la vista de los resultados anteriores, las dificultades para conciliar trabajo extradoméstico con vida profesional se argumenta como una de las principales causas para posponer la maternidad e incluso para dejar de tener hijos o para tener menos hijos de los deseados.

Por esto se les preguntó a las mujeres algunos aspectos relacionados con su trabajo y su familia. El 46% de ellas creían que su horario laboral facilita la conciliación entre estos dos aspectos de su vida, frente a un 47% de ellas que afirmaron tener problemas de conciliación. El 37% de las entrevistadas afirmaban compatibilizar su horario de trabajo con la atención a sus hijos, frente a un 34% que se dedicaba en exclusiva a una u otra actividad a lo largo del día, sin poder compatibilizar ambas actividades. Ésta era la razón mayoritariamente apuntada para no tener hijos, el 76% de las mujeres que no compagina trabajo y familia afirmaba que ésta era la causa para reducir su número de descendientes, frente a un 24% a quienes no les afectaba.

El cuidado de los hijos como exclusivo de las madres es otro aspecto que, en ocasiones es apuntado por las mujeres para reducir sus tasas de fecundidad.Cuando a las mujeres se les pregunta por el cuidado de los hijos, el 39% afirma que recae exclusivamente sobre ellas mientras el 34% de las mujeres considera que su pareja comparte con ellas el cuidado de los descendientes. Sin embargo, el 53% de las mujeres afirma que habrían tenido más hijos si su pareja hubiera prestado una mayor colaboración. De estos resultados se desprende que el cuidado y la atención a los hijos todavía recae mayoritariamente sobre las madres más que sobre los padres. Las tareas domésticas son compartidas cada vez más entre los dos miembros de la pareja y, sin embargo, la atención de los hijos recae principalmente sobre las madres.

Ampliando la pregunta al ámbito doméstico, el 70% de las mujeres afirma que su pareja comparte las tareas domésticas con ella y sólo un 6% no está satisfecha con el grado de colaboración, un 64% cree que podrían hacer más y un 30% está plenamente satisfecha con el grado de colaboración de su pareja. Cabe decir que en esta faceta los hombres han evolucionado ya que el grado de complementariedad en el ámbito doméstico es mayor que en tiempos anteriores y supera al grado de colaboración con los hijos.

Por último se preguntó por los posibles problemas laborales que la maternidad les podría haber entraÑado y para un 60% de las mujeres eran inexistentes frente a un 22% de ellas que se encontraron con ciertas trabas. Sin embargo, se hicieron preguntas concretas sobre si se les habían respetado derechos básicos como permiso maternal, lactancia, y en las respuestas hubo práctica unanimidad al afirmar que todos ellos se les respetaron. Estas contestaciones son lógicas con la situación legal en la que estamos. Existen determinados derechos básicos como los permisos de maternidad o lactancia, la ausencia por emergencia o enfermedad familiar, que están plenamente reconocidos legalmente, por lo que sólo en contadas ocasiones pueden aparecer problemas laborales en esta aspecto. Por lo que es muy importante que, sin imposiciones absurdas que interfieran en la faceta personal, desde los poderes públicos deben salvaguardarse los derechos esenciales e imprescindibles de protección jurídica de la familia.

- Influencia de las creencias religiosas.

Existe práctica unanimidad al contestar las mujeres que sus creencias religiosas no influyen en el momento de decidir tener hijos. Para el 92% de las mujeres sus creencias religiosas no influyen sobre la maternidad, frente a un 8% que estima que las creencias religiosas influyen en su decisión de ser madre.

Este dato choca con los datos europeos sobre la evolución de la fecundidad en países con tradición eminentemente católica como son Irlanda, Polonia y EspaÑa. En estos países, como se vio en el apartado correspondiente, excepto en el caso de Irlanda, las tasas de fertilidad han caído por debajo de la media de la Unión Europea, esta realidad ha ido unida a una menor praxis religiosa. En esta encuesta no se ha podido vislumbrar si la no influencia de las creencias religiosas se debe a que efectivamente la decisión es independiente de las creencias, es decir, las creencias religiosas van por unos derroteros distintos a las decisiones de maternidad o simplemente es que éstas no existen y en consecuencia no influye. Es mucho más probable que la contestación esté en consonancia con esta última razón, las creencias religiosas cada vez son más inexistentes y en consecuencia no afectan a la vida personal.

Frente a esto, la Encuesta de Fecundidad elaborada por el I.N.E. en 1999 afirmaba que las creencias religiosas influyen en la fecundidad. De manera que las mujeres que profesan alguna religión son las que en término medio tienen más hijos, frente a las no creyentes cuya maternidad media no llega a un hijo.

- Otros aspectos.

 - Suficiencia de la baja maternal

De las mujeres encuestadas el 88% de ellas estimaban que el período estipulado como baja maternal no es suficiente, frente a un 11% de  las mujeres que afirmaba que era un período válido como para que madre e hijo se adapten. Hay que puntualizar que la mayoría de las mujeres que se pronunciaron a favor de la suficiencia del período de maternidad establecido en la actualidad eran mujeres que no tenían hijos. La realidad demuestra que desde el punto de vista afectivo a lo largo del período maternal se producen una serie de cambios que necesitan tiempo para ser asimilados. El desarrollo psicoafectivo del recién nacido requiere que tenga una madre disponible, ese primer vínculo es decisivo. Mediante este período se desarrollan conductas de apego, de sentimientos mutuos y vínculos emocionales difícilmente sustituibles. La mayoría de las mujeres apuntan no sólo que el período de permiso maternal no es suficiente sino que suelen afirmar que debería ampliarse de 16 semanas a seis meses para que se consolidaran los lazos entre la madre y el recién llegado.

- Cree que aumentaría el número de hijos si la maternidad estuviera socialmente más reconocida.

Una vez analizados los problemas que las mujeres argumentan como causa para tener menos hijos que en otro momento histórico y menos que los deseados, se les preguntó si considerarían que aumentaría el número de hijos si la maternidad estuviera socialmente más reconocida. Es indudable que la sociedad debería tomar conciencia firme y seria de la importancia de la familia como institución principal de la sociedad para fomentar el crecimiento y la educación de las nuevas generaciones.

Un 50% de las mujeres entrevistadas estiman que si la maternidad estuviera más reconocida podría aumentar la maternidad, frente a un 47% de ellas que consideran que no aumentaría el número de hijos aunque la maternidad estuviera socialmente más reconocida. Lo cierto es que cuando alguna conducta “se pone de moda”, un número grande de personas siguen esa tendencia, así que si la sociedad consiguiera “poner de moda” la maternidad es muy probable que el número de hijos aumentara a pesar de las múltiples dificultades con las que las madres y padres pudieran encontrarse, aunque solo fuera por mimetismo.

El hombre, en genérico, es un ser social por naturaleza por lo que todo lo que en su entorno suceda le afectará y si la tendencia seguida por sus iguales es no tener hijos, hasta que no se perciban de manera palpable los perjuicios de la carencia de la natalidad no se planteará la necesidad de solucionar el problema. Sin embargo, hay que decir que los problemas derivados de la falta de niÑos en una sociedad no se solucionan en unos meses o en pocos aÑos sino que hemos podido “echar a perder” una generación completa por no haber solucionado el problema a tiempo, por lo que se hace urgente que se lleva a cabo una verdadera política estatal de familia.



Se les preguntó también a las 365 mujeres encuestadas si consideran que la maternidad es un elemento necesario para ser considerada socialmente. El 91% de ellas contestaron que no era preciso, frente a un 8% que estimó que era una condición necesaria para conseguir un grado importante de aceptación social. De este 8% algunas de ellas eran mujeres que no tenían hijos y la causa era una incapacidad física, por lo que quizás su respuesta estaría mediatizada por su situación personal. Por lo tanto, prácticamente el 100% creen que no es necesaria la maternidad para ser aceptada socialmente.

Esta respuesta puede deberse a varias causas; podría ser que al estar la maternidad socialmente poco valorada, es muy poco lo que aÑade a la mujer el tener un hijo más, o bien podría deberse a un comportamiento muy típico de la sociedad actual y es que a las nuevas generaciones les importa muy poco el parecer de los demás, es decir, cada persona actúa según considera sin tener en cuenta la opinión social de su entorno.

El reconocimiento a la dignidad de la mujer debe ser independiente de su situación y de su realidad y entorno. Ahora bien, si este dato se contrasta con la pregunta que se les hizo sobre si los hijos son o no un beneficio social, los resultados son dignos de reflexión.

El 31% de las mujeres contestaron que los hijos no son un beneficio social, si bien es cierto que un 63% de ellas consideraron que si lo es. Debería ser objeto de otra investigación el analizar si las mujeres que contestaron que los hijos no son un beneficio social lo contestaron porque estiman que los hijos aportan poco o nada a la sociedad o porque estiman que los hijos son un aspecto de la intimidad de la familia, son algo “de su propiedad” y, poco o nada pueden aportar a una sociedad, olvidando el horizonte temporal que una persona tiene y sobre todo la repercusión social que tienen las externalidades positivas de las que la sociedad se lucra como consecuencia de la inversión en capital humano que se realiza en el seno familiar.

- Ayudas públicas suficientes

Respecto a las ayudas públicas el 88% de las mujeres entrevistadas coinciden al contestar que las ayudas europeas son mucho más generosas que las espaÑolas, y el 96% de las mujeres afirman que las ayudas que nuestro país ofrece a la maternidad son insuficientes.

Siendo necesarias unas ayudas públicas más generosas, que ayuden a solucionar parte de los problemas a aquellos que así lo manifiestan, éstas quedarán estériles si no se completan con políticas educativas que encumbren el valor de la maternidad, protejan la estabilidad de la familia y arrinconen el hedonismo que en ocasiones se opone a la maternidad.

IV.   CONCLUSIONES Y PROPUESTAS

La decisión de tener o no hijos es algo que pertenece a la intimidad de la pareja pero que tiene consecuencias sociales de gran importancia. Dejando al margen la dimensión económica de los hijos, lo cierto es que el número de descendientes que una familia tiene trasciende del ámbito interno y adquiere una dimensión social importantísima.

En los últimos veinte aÑos hemos asistido a una caída en las tasas de natalidad de considerable envergadura, difícilmente recuperables en el corto plazo y de las que ya se están empezando a atisbar las posibles consecuencias nocivas. Se hace especial énfasis en la repercusión económica que puede tener; falta de mano de obra, incapacidad de sostener un sistema pensiones de reparto, problemas de asistencia del dependiente, envejecimiento de población, Esta preocupación está calando en la sociedad, donde existe un grado de sensibilización importante con los problemas que suscita la conciliación entre vida personal y profesional.

A pesar de que, como se vio en su momento, muchas empresas continúan creyendo que los problemas de conciliación les son ajenos y debe solucionarlos el empleado, lo cierto es que existe una opinión mayoritaria en la sociedad según la cual todos los órganos decisivos en la sociedad; gobierno, comunidades autónomas y empresas deben implicarse en la solución del problema.

Los estudios de campo realizados por algunas escuelas de negocios revelan que los empleados aducen mayoritariamente como problemas de conciliación entre vida laboral y personal;  incompatibilidad horaria entre su trabajo y los estudios de sus hijos, la lejanía entre su hogar y su oficina, las presiones recibidas por sus superiores y/o compaÑeros o la falta de políticas que les ayuden a conciliar trabajo y familia. Frente a esto, los directores de recursos humanos argumentan como principal causa de que sus empleados no concilien trabajo y familia radica en una mala organización del tiempo por parte de sus empleados. Sin perjuicio de que en ocasiones las dificultades de conciliación entre vida personal y profesional sea una simple falta de orden, lo cierto es que mientras la realidad se perciba de forma tan dispar, difícilmente pueden esperarse soluciones eficaces en el corto plazo.

A la vista de la realidad descrita en este trabajo los problemas de conciliación deben ser una prioridad para la sociedad actual, ya que dados los datos sobre el envejecimiento de la población, los conflictos de trabajo y familia estarán presentes en un porcentaje altísimo de los hogares pues son problemas que aparecen no sólo en las familias con hijos pequeÑos a su cargo sino todos aquellos de los que depende algún familiar, así como aquellos que sin tener familiares dependientes desean simplemente tener tiempo libre. Por esto, ya que la demanda social es muy amplia, deberían existir un interés real por darle una solución efectiva.

Sin embargo, y después de analizar todos los datos anteriores, a pesar de ser las dificultades de conciliación la causa mayoritariamente apuntada por la que las mujeres tienen menos hijos de los deseados, lo cierto es que debe de haber motivos distintos por los que las tasas de fecundidad se han desplomado en los últimos veinte aÑos. En la actualidad se ha generalizado tener pocos hijos y lo socialmente llamativo es conformar una familia en la que haya más de cinco miembros. Es cierto que esto responde a unas erróneas políticas liberalizadoras de la mujer, como se vio en la introducción, que pretendían desligarla de cualquier vínculo que no fuera sí misma. Pero en la actualidad, hasta desde posiciones muy radicales, se reconoce que estas teorías responden a un feminismo trasnochado que ha hecho un flaco favor a la sociedad y, sin embargo, las conductas que propugnaban no sólo no se rechazan sino que siguen plenamente vigentes.

Si se generaliza el tener pocos hijos, es decir, está de moda que las familias no las constituyan más de cuatro miembros, o si el vacío que deja el no tener un hijo se llena con otras cosas como el trabajo profesional o el éxito social, por citar algún ejemplo, difícilmente se modificarán las conductas. Es necesario hacer un esfuerzo por fomentar la educación en principios y valores que sean algo más que el éxito conseguido con poco esfuerzo o un materialismo que conduce a cosificar todo lo que nos rodea. Por otra parte, el reconocimiento social de la labor educadora que la familia realiza y las externalidades positivas que se derivan de la buena educación recibida en el seno de una familia estable es algo que aún no ha calado en la sociedad y por lo que sólo se vinculan las políticas de protección a la familia con medidas para facilitar la conciliación entre vida laboral y familiar de la mujer, olvidando el imprescindible papel del hombre, o con políticas de no discriminación en la inserción laboral de la mujer que, siendo necesarias, no son medidas de protección de la familia.

Como se ha visto en páginas anteriores, la conciliación entre vida laboral y familiar es un argumento apuntado por un gran número de mujeres para no tener hijos o para tener menos de los deseados, por lo que tanto desde los poderes públicos como desde la empresa privada deben ponerse en marcha programas que solucionen este problema, de manera que no pueda presentarse como una de las principales causas del descenso de la natalidad.

Sin quitarle importancia al tema de la conciliación, pues en muchos casos existe y es real, lo cierto es que en un gran número de casos los aducidos problemas de conciliación no son más que dificultades provenientes de falta de orden de la propia vida o de una incorrecta cultura de empresa en la que prevalece el tiempo de estancia por encima de los objetivos conseguidos. En un gran número de casos los problemas de conciliación se solucionarían con medidas de coste cero, como puede ser adelantar las reuniones a primera hora de la maÑana o una política de luces apagadas, por citar algunos ejemplos. Por lo tanto estamos hablando de modificar costumbres y culturas que han conducido a conductas erróneas. La sociedad ya reclama estas medidas y los poderes públicos parecen estar sensibilizados con el tema, especialmente con el fomento de ayudas de coste cero, por lo que no hay razón para que se ralentice tanto la puesta en marcha, de forma generalizada, de ayudas que desobstaculicen la conciliación familiar.

En el caso de la mujer, los problemas de conciliación se agravan, ya que su realidad revela que en el tiempo conviven la edad fértil con los aÑos en los que se alcanza el despegue profesional e, indudablemente es muy difícil conjugar ambas realidades. La etapa en la que las mujeres se plantean tener hijos, entre los treinta y los cuarenta es la fase en la que se están fraguando las bases para conseguir un desarrollo profesional en el futuro y es el momento en el que la competitividad laboral alcanza su punto álgido. Esta situación hace que muchas mujeres posterguen la maternidad a un momento posterior, anteponiendo intereses profesionales a familiares, dando lugar a un notable descenso de la fecundidad.

Podría plantearse como solución, tratar de adelantar la edad de maternidad entre los veintitrés y treinta aÑos pero con la actual situación laboral con la que los jóvenes se encuentran; dificultades de acceso al mercado laboral, encarecimiento de la vivienda, insuficiencia de recursos económicos y, sobre todo una inmadurez que les impide asumir responsabilidades, difícilmente puede preverse que las jóvenes pretendan adelantar su edad de convertirse en madres.

No sería justo argumentar la incorporación de la mujer al mercado laboral y los problemas de conciliación que de ello se deriva como única causa de la caída de la natalidad pues, muchos aÑos atrás, aunque no de forma masiva, la mujer conjugaba trabajo y familia y, en múltiples casos tenía un número considerable de hijos. Pero además, es que hoy en día el descenso en las tasas de fecundidad no muestra caminos divergentes entre las mujeres que trabajan fuera del hogar y las que exclusivamente se dedican al trabajo doméstico, por lo que la principal causa del descenso de la natalidad debe de ser otra. Sin embargo, si sólo se arbitran políticas que centradas en aspectos económicos, las políticas familiares quedarán incompletas y probablemente los problemas de natalidad no se solucionarán.

Del análisis anterior se desprende que en primer lugar es necesario llevar a cabo medidas de corte económico que faciliten la maternidad pero éstas quedarían incompletas si no se hiciera un esfuerzo por encumbrar la maternidad y la familia, y no presentarla como una lacra o un obstáculo para el ascenso profesional. Por todo esto se plantean una serie de medidas que, de llevarse a cabo contribuirían a modificar la actual situación de la natalidad en los países occidentales.

A.      Medidas de tipo económico.

-     Como marco introductoria, hay que decir que en justicia, desde la sociedad se le debería devolver parte de lo que la familia aporta. En el seno del hogar se generan economías externas de las que la sociedad se beneficia, por lo tanto, está plenamente justificado que sea la sociedad quien compense económicamente parte, la totalidad es imposible, de lo que el individuo aprende en el seno familiar. Por esto, cualquier transferencia que desde los poderes públicos se realice a las familias no sólo está plenamente justificada sino que no es más que estricta justicia.

-     Un segundo aspecto que hay que aclarar es que las políticas de familia no deben ser políticas exclusivas de mujer y por lo tanto las ayudas económicas no deben ir dirigidas solamente a la mujer sino a la familia. Hay que distinguir aquellas medidas que pretenden fomentar la inserción laboral de la mujer o la no discriminación, con políticas estrictamente de familia. Los miembros de la familia que se beneficien de las ayudas económicas en un determinado momento serán los hijos, en otra circunstancia las mujeres y, si lo que se pretende es un modelo de corresponsabilidad del varón, a nadie deben escandalizar medidas económicas de las que el hombre, como cualquier otro miembro de la familia se beneficie.

-     Si hablamos de medidas concretas, dirigidas especialmente a los que acaban de conformar una familia, es necesario mencionar el abaratamiento de la vivienda, por otra parte, tan reclamado por los jóvenes. En este punto los poderes públicos tienen mucho que decir ya que es competencia suya facilitar créditos blandos y potenciar que se pongan en el mercado las circunstancias favorables para que el joven acceda a una vivienda digna donde pueda conformar una familia, no sólo donde pueda vivir, sino donde pueda continuar viviendo cuando haya formado una familia, en la que haya espacio suficiente y las condiciones de habitabilidad sean dignas para que varios miembros puedan convivir. No se trata de facilitar techos sino de que sean auténticos hogares. El fomentar viviendas extraordinariamente pequeÑas no hace más que ayudar a que los jóvenes posterguen el momento de convertirse en padres, fomentando el individualismo que tanto daÑo ha hecho a la estabilidad de la familia.

-     Políticas activas de empleo dirigidas tanto a mujeres como a jóvenes. La estabilidad laboral es algo imprescindible para que los espaÑoles se decidan a conformar una familia por esto, al igual que desde las instituciones comunitarias se insta a los poderes públicos a la no discriminación laboral de hombres y mujeres, se debería hacer algo similar con los jóvenes, si bien, complementándolas con medidas educativas que más adelante se verán.

B.Medidas de conciliación entre vida laboral y profesional.

-     El papel de la familia es insustituible, por lo que no pueden ser soluciones eficaces la ampliación de horarios escolares coincidentes con los laborales. Más bien, la solución debería ser al contrario; adaptar la disponibilidad laboral al horario escolar, en la medida de lo posible. Modificar la mentalidad espaÑola de eternas jornadas laborales será un camino muy largo de conseguir aunque imprescindible para familiarizar las empresas.

-     Pero las empresas necesitan incentivos económicsos para acometer reformas ya que los empresarios persiguen la maximización de sus beneficios, por eso, desde los poderes públicos debería haber un impulso económico importante para que las empresas arbitraran medidas que faciliten a sus empleados la conciliación. Los incentivos económicos por parte de las administraciones públicas dirigidos a empresarios, especialmente pequeÑos y medianos empresarios, es otra de las asignaturas pendientes en materia de conciliación.

A.Medidas sociales.

Estas pautas, de mucho más calado social, se conseguirán con mucho esfuerzo y después de varios aÑos en los que esta mentalidad haya sido asimilada por la sociedad, pero si  se olvida esta faceta, no estaríamos construyendo auténticas políticas de familia.

Valoración social de la familia.

La familia desempeÑa un papel crucial en el desarrollo integral de la persona, por lo tanto, fomentar la valoración social de la familia es de capital importancia para crear una cultura familiar.

-     La estabilidad familiar es algo imprescindible para que entre los hijos puedan arraigarse costumbres y aprenderse valores como la tolerancia, generosidad, responsabilidad, responsabilidad en el trabajo, Por esto, desde todas las instancias debe fomentarse la estabilidad emocional de los miembros de la familia para que ésta no se resquebraje.

Educación.

La inversión en capital humano es algo imprescindible en todas las facetas de la vida social, pero en el caso de la familia es de prioritaria importancia.

-     Fomentar  el esfuerzo y tratar de erradicar de la mente de los jóvenes la cultura del pelotazo, de tan hondo calado social es imprescindible para relanzar la fecundidad. Una juventud acostumbrada a no tener metas y habituada a conseguir sus objetivos sin esforzarse es difícilmente compatible con la maternidad/paternidad.

-     En este empeÑo por fomentar la educación debe tratar de difundirse el valor que tienen todos aquellos que no son productivos desde el punto de vista económico; niÑos, ancianos, enfermos, En este punto es importante empezar a cambiar la terminología y empezar a hablar de responsabilidades en lugar de cargas familiares, cuando nos referimos a estos colectivos improductivos.

-     Invertir en formación, de manera que los jóvenes salgan al mercado siendo profesionales con un cierto grado de cualificación.

-     EnseÑar a disfrutar del ocio

-     Desde las instituciones públicas se debe fomentar la madurez, las leyes deben contribuir a que los adolescentes sepan hacer un uso responsable de su libertad. Leyes en las que hasta los 18 aÑos uno no es mayor de edad y, sin embargo con 13 pueden elegir su pareja sexual, son normas contradictorias según las cuales para determinadas conductas son mayores y para otras menores. Es necesario educar en responsabilidad y madurez. Flaco favor ha hecho una Ley del Menor en la que parece que cualquier aberración que pueda realizar un menor queda impune, ya que un menor acostumbrado a esto, difícilmente asimilará que en el momento de su mayoría se le aplicará una ley mucho más restrictiva.

Medidas jurídicas.

-     La legislación en materia de familia tiene mucho que decir, y al igual que en el momento en el que se generalizar ciertos derechos laborales, éstos son inquebrantables, una política de familia, protectora de la familia desde todos los ámbitos, no sólo el laboral, conseguirá muchos éxitos. Si la legislación en materia de familia tiene como trasfondo desvirtuar la importancia de la permanencia y estabilidad del matrimonio y todo lo que de ello se deriva, no estamos construyendo una auténtica política de familia. Por esto si bien, socialmente se reconoce que el aumento del número de divorcios es espectacular y las uniones consensuadas crecen en una progresión desconocida hasta el momento, respetando la libertad individual y sobre todo, protegiendo la dignidad de la persona, deben arbitrarse reformas del Código civil que como trasfondo tengan en cuenta la importancia de la estabilidad del vínculo matrimonial para que en el seno de la familia se den las características que hacen que el individuo aporte a la sociedad un valor aÑadido generado en el seno de su familia.

Implicación del varón.

-     En la actualidad está prácticamente generalizada la idea de que el hombre debe colaborar en las tareas domésticas, como así se ha podido comprobar en el estudio. Pero sin embargo, tal implicación no es tan fuerte en el caso de los hijos. Es necesario fomentar que el varón se implique en la educación de los hijos. No sólo ampliando el período de permiso parental en el caso de nacimiento sino tratando de responsabilizar al hombre de su faceta de padre, de tal forma que se elimine el efecto negativo que sobre el mercado laboral tiene el ser madre, y por el contrario, el efecto positivo que para la empresa supone un hombre con descendientes a su cargo. La asignatura pendiente del siglo XXI es el padre ausente.

Con este trabajo se ha pretendido poner de manifiesto la actual situación de la familia espaÑola en lo que a fecundidad se refiere y aportar un pequeÑo grano de arena a las posibles alternativas que solucionen esta situación.

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17.  MIRET GAMUNDI, P. y CABRÉ PLA, A. (2005): “Pautas recientes en la formación familiar en EspaÑa. Constitución de la pareja y fecundidad”. Papeles de Economía EspaÑola, nº 104. Fundación de las Cajas de Ahorros. Madrid.

18.  PÉREZ DÍAZ, J. (2005): “Consecuencias sociales del envejecimiento demográfico”. Papeles de Economía EspaÑola, nº 104. Fundación de las Cajas de Ahorros. Madrid.

19.  PÉREZ-DÍAZ, V., ÁLVAREZ-MIRANDA, B. y CHULIÁ, E. (1998): “La familia en el sistema de bienestar espaÑol. Una reflexión general y una discusión empírica”. Papeles de Economía EspaÑola. Nº 77. Fundación de las Cajas de Ahorro Confederadas para la Investigación Económica y Social. Madrid.

20.  PUYOL ANTOLÍN, R. (2005): “La población espaÑola en el marco de la Unión Europea”, Papeles de Economía EspaÑola, nº 104. Fundación de las Cajas de Ahorros. Madrid.

21.  SAGARDOY BENGOECHEA, J.A. y DE LA TORRE GARCÍA, C. (dirs.) (2004): La conciliación entre el trabajo y la familia.



[1] Se construye mediante las sumas de las tasas específicas de primera nupcialidad según el sexo y aÑo.








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